Las palabras brotaban con naturalidad de los labios de Oliver, del mismo modo que los pensamientos más profundos serpenteaban la mente de Benjamin. A su alrededor había sonido y color, pero también espectros de dolor y mucha melodía.
Por un lado, un escritor frustrado que lucha por dar vida a sus palabras; por el otro, el guitarrista de la banda 3second, sepultado por la amargura de una carrera en ascenso donde el escenario le pertenecía, pero la oscuridad de su habitación no le ofrecía más que soledad.
Entre lágrimas, cicatrices y acordes, un amor floreció y, de la misma forma, explosionó.